ˇVence tú el mal a fuerza de bien!
1.
Los Obispos de Guatemala, para cumplir con nuestra misión pastoral, hemos
celebrado la
Asamblea Plenaria anual del día 22 al 26
de enero, y hemos evaluado la acción evangelizadora de la Iglesia y el contexto en que se realiza, que es
la situación actual del país.
También hemos orado y escuchado la
Palabra del Señor que nos dice: “En el mundo encontrarán dificultades y tendrán
que sufrir, pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn
16,33). Con esa confianza en el Señor, ofrecemos esta
palabra de ánimo y exhortación.
2.
Queremos expresar nuestro agradecimiento y ofrecer nuevamente nuestro
apoyo a los sacerdotes, religiosas y religiosos, laicos y
laicas que están directamente asociados al trabajo pastoral,
por su entrega y servicio generoso.
Gracias a ustedes se sigue anunciando el evangelio,
se profundiza la catequesis, los fieles participan más ampliamente
en los sacramentos y se desarrolla la acción de solidaridad
hacia los más necesitados.
El panorama nacional actual
3.
Este trabajo pastoral se realiza en un contexto nacional marcado por
fenómenos sociales diversos.
Presentamos brevemente algunos de ellos para centrar
luego nuestra atención en los tres que consideramos más importantes
en la coyuntura actual.
4.
Sigue sin resolverse la conflictividad en torno al tema agrario,
que llega a su expresión más violenta en los desalojos de
fincas. El campo de la ecología es un potencial
espacio de conflicto. La
posible contaminación del río Tzalá en San Miguel Ixtahuacán
y las reacciones conflictivas que ha generado indican que
la problemática sobre el respeto y cuidado del medio ambiente
es una cuestión muy sensible, que es parte del problema más
amplio de la gradual reducción del acceso al agua potable
en el país. Hasta hoy el Congreso de la República no ha aprobado
las reformas a la
Ley de Minería, propiciando que las posibilidades
de confrontaciones se hagan mayores.
La necesidad de incrementar el suministro de energía
eléctrica junto con el conflicto en torno a las hidroeléctricas
ha sido en algunos lugares ocasión de violencia mortal.
5.
Nos preocupa igualmente que tantos hermanos nuestros deban emigrar para
encontrar en el extranjero el ingreso económico que no pueden
generar aquí por la falta de puestos de trabajo dignos.
La deportación masiva y forzada de muchos de
nuestros compatriotas agrava la situación de desempleo y el
sentimiento de frustración de la población. Este es el precio humano de la pobreza generalizada
que nos afecta desde hace décadas y de las políticas económicas
erradas que los diversos gobiernos han desarrollado con el
fin de mitigarla y eliminarla. El crecimiento macroeconómico de los últimos
años debe, no sólo sostenerse e incrementarse en el futuro,
sino traducirse en beneficio real para las familias guatemaltecas.
6.
En el campo de la educación, el presupuesto absolutamente deficiente
impide que muchos niños, sobre todo del área rural e indígena,
lleguen a la escuela. Es
urgente tomar conciencia de la necesidad de preparar a la
niñez y a la juventud para que tengan un futuro mejor en el
contexto de un mundo intercomunicado y abierto cada vez más
al libre intercambio de ideas y al uso de la tecnología. Este objetivo se logra a través de una reforma
educativa que tenga como centro a la persona y su dignidad. Nos preocupa la carencia de criterios éticos
en los programas de educación sexual que se imparten en las
escuelas. Los padres de familia deben cumplir con su responsabilidad
de exigir una educación de calidad para sus hijos e hijas,
la cual implica una formación en valores morales.
7.
Nos duele que la población no tenga acceso adecuado a la atención médica
esencial y que el conflicto hospitalario siga sin obtener
una solución de fondo.
8.
La infiltración del crimen organizado y del narcotráfico en las instituciones del Estado
y en particular en el Poder Judicial parece cada día mayor,
como lo aseguran funcionarios del Estado y analistas políticos.
La institucionalidad del Estado, el régimen de derecho
y legalidad y en consecuencia la paz y la convivencia en justicia
están en alto riesgo.
9.
Sin embargo tres son los procesos sociales que queremos señalar como
los más significativos, porque afectan en el momento actual
de manera especial a la población del país:
—La violencia que destruye la
vida se manifiesta en los numerosos asesinatos, en los
que mujeres y niños ocupan una proporción inusual hasta ahora.
Esta violencia en parte tiene su raíz en la infiltración
del narcotráfico y el crimen en la sociedad urbana y rural.
Esta violencia crece desmedida por la certeza de la
ineficiencia de las instituciones correspondientes para identificar
a los responsables de los crímenes y de los tribunales para
condenarlos. A esto
se añaden las muertes causadas por negligencia de conductores
imprudentes de medios del transporte público.
—La crisis bancaria y del
sistema financiero se concretó en el cierre de dos bancos,
en la escasez de papel moneda y en los rumores de quiebra
y cierre de otros bancos. Hay sospecha de que esto haya sido efecto de
delitos o al menos de negligencia dolosa.
El resultado es una incertidumbre generalizada que
deteriora gravemente el clima del comercio, las inversiones
y las finanzas del país y afecta de manera más grave a los
que tienen menos recursos y alternativas.
—La campaña electoral ha
sido adelantada por los partidos políticos, haciendo caso
omiso de los plazos señalados por la
Ley Electoral y de Partidos Políticos y las
disposiciones del Tribunal Supremo Electoral.
Aquí se ve claramente una señal de la poca voluntad
de los políticos para cumplir las leyes que regulan el ordenamiento
de la sociedad.
Nuestra exhortación
10.
Queremos en primer lugar dirigir una palabra a los que sufren las consecuencias
de esta situación, a los que carecen de poder político y económico,
al pueblo sencillo y sufrido de cada día. No debemos dejarnos vencer por el mal. Aunque la violencia nos circunde, no debemos
dejar que entre en nuestra mente, en nuestros hogares, en
nuestras comunidades. Mantengamos
los valores de respeto a la vida, el respeto a la dignidad
de nuestro prójimo. Hemos sido creados a imagen de Dios y hemos
sido redimidos por Cristo.
Ese pensamiento debe ayudarnos a mantenernos firmes
en la práctica del bien. Debemos esforzarnos por realizar aquellos actos
de solidaridad y de apoyo que harán que nuestras comunidades
mantengan un rostro humano en medio de la agresión, el robo
y el asesinato. “No te dejes vencer por el mal, antes bien,
vence al mal a fuerza de bien” (Romanos 12,21).
11.
La crisis bancaria ha resultado en la pérdida del fruto del trabajo y
de la seguridad financiera de muchas familias y personas,
sobre todo de las que habían reunido un capital o realizado
un ahorro con gran esfuerzo. De este daño, directa o indirectamente, todos
hemos sufrido las consecuencias.
Los Obispos queremos unir nuestra voz a la de tantos
clientes bancarios perjudicados que claman justicia y piden
el esclarecimiento de los hechos. También urgimos a las autoridades financieras
y bancarias del país para que actúen con la mayor responsabilidad
y transparencia para restituir la confianza en el sistema
bancario, confianza de la que se beneficia toda la sociedad
y es esencial para el desarrollo de la actividad económica.
A todos queremos alentar a la serenidad, a la búsqueda
de información veraz y a evitar el pánico, que de por sí puede
ser también generador de crisis financieras.
12.
La campaña electoral adelantada hace que sea previsible la fatiga y el
hastío político de la población cuando llegue el momento electoral. Esto no es bueno para el desarrollo de las elecciones.
Por otra parte, la aprobación de la descentralización
de las mesas electorales sin el suministro del dinero correspondiente
para ejecutarla es una muestra de incoherencia política.
Se crea así una innecesaria incertidumbre electoral.
Las elecciones son el momento en
que la ciudadanía tiene la oportunidad de pronunciarse. Es necesario aprovechar el tiempo que aún queda
para el empadronamiento. Todo
ciudadano debe participar en el evento electoral para indicar
su opción. Pedimos a todos que no se dejen llevar de promesas
sin fundamento, que miren el bien de todos y no el bien particular,
que no se acepten sobornos económicos por el voto. En el momento oportuno, habrá que procurar información
no sólo sobre los programas de gobierno sino sobre la trayectoria
ética de los candidatos.
La
enseñanza de la Iglesia
13.
La causa de estos desórdenes sociales, políticos y económicos no es otra
que la falta de principios éticos en nuestra conducta personal
y pública. Si cumplimos un código de conducta moral fundado
en el respeto a la dignidad y libertad de toda persona y en
la búsqueda del bien común, promoveremos un humanismo integral,
base y garantía de una convivencia pacífica.
Esto atañe a la acción tanto de los funcionarios del
Estado como de los ciudadanos. La práctica religiosa cristiana debe fortalecer
ese cumplimiento. Una
religión sin coherencia ética es superficial e inconsistente.
14.
Recientemente el Papa Benedicto XVI, con ocasión de la Jornada Mundial de
la Paz
decía en su Mensaje: “El
conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre
las personas en justicia y solidaridad está inscrito en las
conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios.
La paz es una tarea que a cada uno exige una respuesta
personal coherente con el plan divino” (3). Y añadía: “El
deber de respetar la dignidad de cada ser humano, en el cual
se refleja la imagen del Creador, comporta como consecuencia
que no se puede disponer libremente de la persona. Quien tiene mayor poder político, tecnológico
o económico, no puede aprovecharlo para violar los derechos
de los otros menos afortunados” (4).
15.
Es necesario recuperar la conciencia ética que se funda en las exigencias
de la persona considerada como individuo y como miembro de
la comunidad humana. Nuestra
fe cristiana nos enseña que hombres y mujeres hemos sido creados
a imagen de Dios y que el Hijo de Dios se ha hecho uno de
nosotros. Este es el
fundamento de toda ética humanista y cristiana.
El olvido de este principio en todos los ámbitos del
quehacer público y privado es la raíz de los desórdenes que
nos afectan, nos entristecen y nos atemorizan.
16.
Hacemos un llamado y una exhortación tanto a católicos como a hombres
y mujeres de buena voluntad para que asumamos con responsabilidad
moral nuestra tarea y misión en la sociedad.
La conversión es posible con la gracia de Dios y la
buena voluntad. Como cristianos no perdemos la esperanza de
que el futuro puede ser mejor.
17.
Por ello hacemos oración y pedimos a Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
que nos ilumine con su Espíritu.
Que la intercesión de Santa María, Madre de Dios, nos
conceda la confianza y la voluntad para actuar siempre llenos
de esperanza.
Guatemala, 26 de enero de 2007
Mons.
Alvaro Ramazzini
Obispo de San Marcos
Presidente de la
Conferencia Episcopal de Guatemala
Mons.
Gonzalo de Villa
Obispo Auxiliar de Guatemala
Secretario General de la
Conferencia Episcopal de Guatemala