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DECLARACION
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA
ANTE LA CONVOCATORIA A ELECCIONES REALIZADA
POR EL TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL DE GUATEMALA
Los
obispos de Guatemala, ante la convocatoria a elecciones e
inicio formal de la campaña electoral en Guatemala,
quieren compartir con todos los católicos y también
con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, las siguientes
reflexiones.
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A lo largo de la historia de Guatemala han sido muchas las
ocasiones en que los ciudadanos no tuvieron acceso a procesos
electorales limpios que permitieran a la ciudadanía
elegir libremente a sus gobernantes. Nos congratulamos de
que en los últimos veinte años ese derecho
haya podido ser ejercido libremente en Guatemala.
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El proceso electoral que estamos iniciando debiera ser una
oportunidad para reflexionar sobre los graves problemas
que aquejan a nuestra sociedad y para proponer, por parte
de los diferentes partidos políticos y sus respectivos
candidatos, soluciones justas y viables a esos problemas.
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Nuestros partidos políticos han padecido de permanentes
debilidades que han sido reiteradamente señaladas:
partidos electoreros, expertos en promesas y flojos en cumplimientos,
penetrados por financistas no siempre limpios y con compromisos
de principios que no quedan claros a sus electores.
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Como acabamos de afirmar en nuestra última carta
pastoral el problema de falta de respeto a la vida es, sin
duda, el más grave de los problemas que sacuden al
país. Asistimos a una violencia que golpea inmisericorde
tanto en el campo como en la ciudad y que siega la vida
de miles de guatemaltecos cada año. El narcotráfico
y el crimen organizado se mueven, todopoderosos, ante una
institucionalidad precaria, débil y muchas veces,
inepta.
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Sin pretender hacer un catálogo exhaustivo de problemas,
es importante señalar que, además de la falta
de respeto a la vida humana, somos un país de extremas
desigualdades, en que la pobreza es la suerte de una mayoría
de nuestros compatriotas, en que el acceso a educación
y salud aún están negados a un número
demasiado alto de guatemaltecos y en que la falta de generación
de empleos dignos empuja a un número creciente de
guatemaltecos a buscar fuera de nuestras fronteras las oportunidades
que aquí les son negadas.
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La suerte de la población rural, especialmente de
la que vive de la tierra, nos preocupa sobremanera. Entre
ellos están los más pobres de los pobres y
el deseo de un horizonte mejor, con mayor acceso a la tierra
y a un desarrollo rural que dignifique a miles de familias
hoy golpeadas por la miseria, es un elemento imprescindible
en cualquier programa de gobierno.
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Como obispos nos preocupa de manera especial la emisión
de leyes que comprometen gravemente la dignidad humana y
que, so pretexto de bienintencionadas manifestaciones de
protección a menores y mujeres comprometen incluso
la meridiana transparencia del artículo 3 de la Constitución
Política de la República que establece el
derecho a la vida desde la concepción como el primero
de los derechos humanos que el Estado guatemalteco se plantea
defender.
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Queremos recordar a todos, pero de modo especial a los políticos,
el luminoso texto del siervo de Dios Juan Pablo II en su
encíclica Centesimus annus: “una auténtica
democracia es posible solamente en un Estado de derecho
y sobre la base de una recta concepción de la persona
humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para
la promoción de las personas concretas, mediante
la educación y la formación en los verdaderos
ideales” (CA 46).
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Comenzando la campaña electoral queremos demandar
de todos los partidos y candidatos un compromiso solemne
para basar en la verdad, en la búsqueda de justicia
y en la afirmación del bien común todas sus
acciones electorales. Les pedimos también el rechazo
a distintas tentaciones en que en otras ocasiones muchos
han caído. Nos referimos a la abundancia de promesas
manifiestamente imposibles de cumplir, a la incitación
de odios y resentimientos que sólo males nos pueden
dejar y a los estilos de campaña en que se trata
más de engañar con palabras bonitas que de
convencer con sobrias verdades.
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La existencia de programas de gobierno debiera ser una demanda
ciudadana así como el compromiso concreto con los
principios básicos de respeto a la vida que son pilares
de nuestra arquitectura constitucional.
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Soñamos con un país mejor, más justo
y más solidario. Creemos firmemente en la democracia
como el mejor sistema político. Reclamamos las correcciones
de rumbo necesarias para que también una mayoría
de ciudadanos compartan este ideal democrático y
pedimos a todos los partidos y candidatos un firme compromiso
con el amor a Guatemala, con la honrada y audaz búsqueda
de soluciones a nuestros problemas y con el amor a la verdad
como premisa de toda acción política.
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Los
meses de campaña electoral son intensos en debates
pero desgraciadamente también pueden serlo en insultos,
descalificaciones y en acciones violentas. Pedimos a todos
pero especialmente a las autoridades que velen escrupulosamente
para que las acciones de campaña no degeneren en
hechos de violencia que solo luto dejan en la familia guatemalteca.
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Pedimos
a Dios Nuestro Señor, Autor de todo bien, que ayude
a Guatemala en estos meses cruciales y que inspire a todos,
candidatos, autoridades y electores a encontrar la sabiduría
en las ofertas de unos y en las decisiones de otros. Que
la Virgen del Rosario, patrona de nuestra nación,
nos proteja maternalmente en esta coyuntura nacional que
se abre.
Guatemala, 9 de mayo de 2007
Mons.
Alvaro Ramazzini
Obispo de San Marcos
Presidente de la
Conferencia Episcopal de Guatemala
Mons.
Gonzalo de Villa
Obispo Auxiliar de Guatemala
Secretario General de la
Conferencia Episcopal de Guatemala
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