Comunicado del Administrador Diocesano
de la Diócesis de Zacapa
 

 

Ante la ola de violencia que azota a la Diócesis de Zacapa

La defensa de la vida tiene para la Iglesia un carácter de urgencia y no puede renunciar a esa misión, que es la misión de Jesucristo su mismo fundador; por eso el valor de la vida humana ha sido reconocido y defendido ardientemente por la Iglesia desde sus inicios. San Ireneo, uno de los Padres de la Iglesia decía que "La gloria de Dios es la vida del hombre", porque ciertamente la vida humana es como una participación de la vida de Dios, la que Él por amor ha querido compartir con nosotros. (Cfr. Carta Pastoral del Episcopado Guatemalteco, La Gloria de Dios es la Vida del Hombre).

"La cultura de la muerte en la que estamos hundidos los guatemaltecos, desde hace ya mucho tiempo, es una forma pecaminosa de negarle a Dios la gloria que Él merece." (Carta Pastoral del Episcopado Guatemalteco, La Gloria de Dios es la Vida del Hombre, No. 2).

La violencia es un problema social que, en sus diferentes manifestaciones provoca inestabilidad, desequilibrio social y limita el desarrollo y la convivencia pacífica. "En nuestra patria las distintas formas de violencia y los atentados que se cometen contra la vida humana son diversos y múltiples, pero a todos los unifica una misma lógica destructiva, una misma maldad, que atenta contra la vida de muchísimos guatemaltecos y degrada a los que la promueven." (Ibid No. 7).

Es preocupante el ambiente de temor y de inseguridad que se vive en los centros urbanos y en la áreas rurales, lo cual hace que la población en algunos momentos se desespere, llegando incluso a tomar la justicia por sus propias manos, lo que nunca es justificable, porque la violencia engendra mas violencia y entramos en contradicción con los valores esenciales del Evangelio y con las enseñanzas de la Iglesia.

La vida es un don que viene de Dios, solo a Él pertenece, y solo a Él corresponde darla o quitarla, por eso toda vida humana es sagrada porque es Dios quien la ha creado, tenemos por eso el gran deber moral de respetarla, protegerla y defenderla como el bien más grande que Dios nos ha dado. (Cfr. Ibid No. 3).

Es preocupante que los guatemaltecos nos estamos acostumbrando a ver con indiferencia los hechos violentos que atentan contra la vida de tantos hermanos nuestros y al detestable espectáculo cotidiano de cadáveres tirados por todos lados y a sacar como conclusión inmediata que detrás de la mayoría de crímenes siempre hay una razón que los justifica. Siendo Guatemala un país con una mayoría de habitantes que se profesan cristianos, es escandaloso para nosotros los que creemos en Jesucristo, que se cometan tantos crímenes y que queden la mayoría de ellos encubiertos bajo el manto de la impunidad. Todos estos hechos deben cuestionar profundamente nuestro ser discípulos de Jesucristo y movemos a la conversión personal y comunitaria. (Cfr. Ibid No. 17).

Ante los crecientes hechos de violencia que se han suscitado en nuestra Diócesis, manifestamos nuestra mas profunda preocupación y al mismo tiempo nuestra mas enérgica condena, pidiendo en nombre de Dios a las autoridades que implementen medidas públicas de seguridad ciudadana y un combate frontal al crimen organizado, y por otra parte, pedimos a las instituciones encargadas de velar por la aplicación de la justicia, que hagan los mejores esfuerzos para aplicar la ley contra quienes actúen al margen de ella, que defiendan a los inocentes y favorezcan el acceso a la justicia a los más pobres.

Como Iglesia y como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante tantos dramas humanos y diferentes manifestaciones de violencia. En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, les invito hermanos y hermanas, a que unamos nuestras voces de condena y rechazo a todo tipo de violencia y a trabajar desde el Evangelio por construir una sociedad en armonía y en paz, empezando desde nuestras familias y comunidades para construir después la paz social.

Dado en la ciudad de Zacapa, a los siete días del mes de julio del año dos mil siete.

Padre Rodrigo Humberto Garza Vela
Administrador Diocesano