Mensaje Cuaresmal
 

 

MENSAJE CUARESMAL

Mons. Oscar Julio Vian Morales, sdb.
Arzobispo de Los Altos
Quetzaltenango-Totonicapán

Hermanos y Hermanas:

Hemos iniciado ya la Cuaresma de este año 2008 con la celebración del Miércoles de Ceniza. San Pablo en la Primera carta a los Corintios (15,45-49), nos habla de la obra admirable de Dios en la creación, dando aliento de vida al hombre que había hecho de la tierra, y de la obra todavía más admirable de Dios al redimirnos gracias al segundo Adán, que nos ha dado su Espíritu, para hacernos, en esta nueva creación, “hombres celestiales”.

¿Qué otro sino éste es el itinerario que deberemos “re-seguir” en la Cuaresma, desde nuestro tomar conciencia, el Miércoles de Ceniza, de que estamos hechos de polvo de la tierra, hasta darnos cuenta de la compasión que Dios ha tenido con nosotros, llamándonos a la vida que ha de configurarnos a Cristo, formando parte de la nueva creación de los redimidos?

Esta tarea de conversión, de despojarnos del hombre viejo para revestirnos del hombre nuevo, es una tarea de toda la vida. Pero es una tarea que debemos intensificar durante el tiempo de Cuaresma para que no nos falte nunca la buena disposición espiritual, casi diríamos, “la buena costumbre” espiritual de irnos convirtiendo cada día. Que la Cuaresma de este año sea un tiempo de gracia que nos mueva a llevar a la práctica nuestra constante conversión diaria.

Después de los días llamados de carnaval, viene el Miércoles de Ceniza, que marca el principio del período litúrgico de la Cuaresma. En otro tiempo, en la Cuaresma se observaba un ayuno más riguroso de lo que es ahora; por eso a los tres días precedentes se les llamaba “de carnaval”, que quiere decir “adiós a la carne” (del latín, “carnes tollendas”). Hoy alguno se preguntará ¿Por qué la carne desaparecía de las mesas, hasta el Tiempo de Pascua? Sencillamente, era otra época, otra cultura. PERO, la Cuaresma no ha dejado de ser, según el pensamiento de la Iglesia, un tiempo de conversión y de mayor austeridad de vida.

Hay personas que dejan de ir al cine durante la Cuaresma; que dejan de fumar o tomar alcohol, que ven menos televisión, que no beben aguas gaseosas, que controlan su lengua, su carácter, que tratan mejor a los demás, etc. etc., junto con una mayor penitencia, la Iglesia insiste en que la Cuaresma es un tiempo en el que debemos dedicarnos con más intensidad a la ORACIÓN, y a la ESCUCHA Y MEDITACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS; precisamente para que nuestros corazones y nuestras vidas se orienten cada vez más hacia el Señor y hacia el cumplimiento de su voluntad. Todo esto para prepararnos mejor a celebrar la fiesta de la Pascua, el misterio más grande y sagrado de nuestra fe.

Para nosotros los cristianos/as del 2008, Cuaresma no es solamente dejar de comer carne: contra lo que un gran número de católicos cómodamente creemos, la Cuaresma es algo mucho más serio que todo esto.

• Cuaresma es dejar de “comer al prójimo” en nuestras conversaciones.
• Cuaresma es dejar de “mordernos los unos a los otros” en nuestras relaciones conyugales, familiares, laborales, …
• Cuaresma es, en una palabra, “arrepentirnos” con hechos de nuestro enorme egoísmo, de nuestra falta de amor y respeto por los demás y “creer en el Evangelio”, que significa esforzarnos por ajustar nuestra vida diaria a los criterios, enseñanzas y ejemplos de Cristo.
En el Evangelio, Jesús, en un pasaje del Sermón de la Montaña, nos dice concretamente en qué dirección debemos realizar este cambio de rumbo en nuestra vida:

Ante todo con la LIMOSNA, que significa nuestra apertura hacia el prójimo, sobre todo con el más necesitado. Cada uno sabrá qué puede hacer a favor de los demás en esta Cuaresma. A Veces será una limosna, una ayuda económica. Pero otras veces consistirá en el perdón, en una actitud más tolerante, en una colaboración generosa en la familia o en la comunidad.

También sigue teniendo sentido el AYUNO, entendido como una cierta negación de nosotros mismos. Nos permitimos demasiadas cosas. No estaría mal que supiéramos decir “NO” a algunas cosas superfluas, aunque sean lícitas, para no dejarnos dominar por esta sociedad de consumo que nos invita a gastar siempre más. Nos conviene abstenernos de algo, no sólo cuando el médico nos aconseja una dieta para disminuir los kilos o el colesterol, sino también para ejercitar sobre nosotros mismos un cierto control y renuncia que nos hará bien en todos sentidos.

Todo ello acompañado por la ORACIÓN, o sea, por una mejor apertura a Dios en nuestra vida. Tendemos a olvidarnos de él, aun los que nos consideramos fieles y practicantes. Esta oración puede consistir en una mejor y más frecuente participación en la Eucaristía, en la Liturgia de la Palabra; en la oración diaria, personal o familiar; una lectura personal de la Escritura (si no podemos acudir a la Eucaristía, o la Liturgia de la Palabra en nuestros pueblos y comunidades, tenemos la Sagrada Biblia, hay libritos y folletos que nos ofrecen el Evangelio de cada día para leer y meditar).

Las tres cosas: LIMOSNA, AYUNO Y ORACIÓN, no las hacemos para ser vistos y merecer el aplauso de los demás, sino para ponernos claramente en el camino de Dios. Jesús, buen maestro, nos dice, con una cierta exigencia oriental, que hagamos limosna de modo que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, que ayunemos perfumándonos la cabeza, y que oremos encerrándonos en nuestra habitación.

Y, todo esto, para que nuestro camino a la Pascua, acompañando a Jesús, sea SERIO Y EFICAZ.

¡Este es el tiempo adecuado para CONVERTIRNOS!

Tenemos que ser mejores personas, darle sentido a nuestra vida e inyectar felicidad y prosperidad a los/as demás.

¡Basta ya de asaltos en las carreteras, secuestros, asesinatos, total irrespeto por la vida ajena, robos, esclavitudes camufladas, odios y rencores entre familiares, amigos y vecinos! ¡Basta ya de calumnias, de persecuciones a las familias, de impunidad y manipulación de la justicia! Si todos/as convirtiéramos nuestro corazón al Señor Jesús, la sociedad y el mundo serían distintos a lo que hoy estamos viviendo en nuestra Arquidiócesis.

Volvamos a los valores éticos de nuestra sociedad, de la familia y de nuestras creencias religiosas. Pidamos al Señor para que los que tienen el Poder y los medios económicos para realizarlo, inviertan más y mejor en el campo de la salud, educación, trabajo y seguridad en nuestro país.

¡Qué la Cuaresma nos prepare a celebrar dignamente la PASCUA DEL SEÑOR JESÚS, NUESTRA PASCUA!

¡Feliz Pascua de Resurrección!